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Abrazando la incomodidad: cómo un entrenamiento mental cambió mi forma de entender el miedo y el crecimiento personal

Todos imaginamos las vacaciones como un momento para descansar, desconectar y disfrutar. Yo también. Sin embargo, las mías comenzaron de una forma muy distinta a la que había imaginado.

Antes incluso de empezar un fin de semana de Entrenamiento Mental del Método Incomodidad, la vida ya me estaba poniendo delante exactamente aquello que necesitaba trabajar. Viví situaciones que removieron emociones muy profundas. Circunstancias que actuaban como un espejo, mostrándome aquello que llevaba tiempo queriendo cambiar en mí.

Fueron días difíciles. En ese momento no entendía por qué estaba viviendo todo aquello, pero hoy sé que no fue casualidad. La vida me estaba preparando para la experiencia que estaba a punto de comenzar.

Llegué pensando que iba a realizar un entrenamiento mental.

Me fui comprendiendo que el verdadero entrenamiento era aprender a conocerme.

Durante dos días participé en un programa de entrenamiento mental, donde cada dinámica tenía un propósito: sacarnos de la zona de confort para observar cómo reaccionábamos cuando desaparecía el control.

¿QUÉ ES EL ENTRENAMIENTO MENTAL Y POR QUÉ DECIDÍ VIVIR ESTA EXPERIENCIA?

Lo primero fue dejar el teléfono móvil.

Puede parecer algo sencillo, pero cuando desaparecen las distracciones, dejas de mirar constantemente hacia fuera y empiezas a mirar hacia dentro. Sin notificaciones, sin redes sociales y sin esa necesidad constante de hacer algo, solo quedábamos nosotros frente a nuestros pensamientos.

Otra de las primeras lecciones fue aprender a convivir con la incertidumbre. No saber qué iba a ocurrir, confiar en el proceso y aceptar que no siempre necesitamos controlar cada paso para avanzar.

Cada dinámica escondía un aprendizaje.

Recorrimos un embalse en piragua utilizando únicamente un mapa para encontrar nuestro destino. Sin GPS. Sin indicaciones externas. Solo observación, orientación y confianza. Una metáfora de la vida: muchas veces no conocemos exactamente el camino y, aun así, tenemos que seguir avanzando.

También caminamos durante horas con chalecos de lastre bajo el calor. Poco a poco el cuerpo comenzaba a fatigarse y la mente empezaba a negociar con cada paso. Fue entonces cuando comprendí que muchas veces nuestros mayores límites no son físicos, sino mentales.

Dormimos solos en una hamaca, en mitad del monte, sin comodidades y rodeados únicamente por el silencio. Una experiencia que me hizo darme cuenta de cuánto nos cuesta, en ocasiones, simplemente estar con nosotros mismos.

Pero una de las dinámicas que más me marcó fue caminar con los ojos completamente cerrados, guiada únicamente por David. Sin saber dónde pisaba, avanzaba confiando plenamente en cada una de sus indicaciones hasta llegar al borde de un río profundo.

Allí, con los ojos aún cerrados, di un paso al vacío y me lancé al agua.

Aquel salto simbolizaba dejar atrás aquello que ya no queríamos seguir cargando en nuestra vida.

No era simplemente un salto al río.

Era un salto hacia la confianza.

Hacia la incertidumbre.

Hacia nosotros mismos.

EL ENTRENAMIENTO MENTAL TAMBIÉN SACA A LA LUZ NUESTRAS RESISTENCIAS

Después llegó otro momento que difícilmente olvidaré.

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Cada uno escribió aquello que quería dejar atrás: un miedo, una creencia limitante, una emoción o una parte de sí mismo que ya no quería seguir sosteniendo. Después llegó el momento de romper una tabla de madera como símbolo de romper con aquello que nos estaba limitando.

Lo intenté una sola vez.

Y no la rompí.

En ese instante apareció una emoción muy intensa: la frustración. Me enfadé porque las cosas no habían salido como yo esperaba. Pero enseguida comprendí que no era la tabla la que realmente se estaba resistiendo.

Era una parte de mí la que todavía tenía dificultades para soltar.

También apareció algo que lleva acompañándome durante mucho tiempo: mi rigidez. Esa necesidad de querer que todo salga exactamente como yo había imaginado. De pensar que existe una única forma correcta de hacer las cosas.

Entonces dejé de compararme con el resto.

Cogí la tabla y la rompí estampándola contra el suelo.

No la rompí con las manos, como la mayoría de mis compañeros.

La rompí a mi manera.

Y ese fue el verdadero aprendizaje.

Comprendí que no existe una única forma correcta de alcanzar un objetivo. Que querer controlar el «cómo» es, muchas veces, lo que genera nuestro sufrimiento. La vida no siempre sucede como esperamos, y eso no significa que esté saliendo mal.

A veces simplemente necesita enseñarnos otro camino.

LO QUE APRENDÍ SOBRE EL MIEDO

Fue precisamente durante el ejercicio del río cuando comprendí algo que cambió mi manera de entender el miedo.

Mientras caminaba con los ojos cerrados, mi cuerpo reaccionaba con una intensidad que no esperaba.

Entonces entendí que muchas veces no reaccionamos únicamente a lo que está ocurriendo delante de nosotros. Existen emociones, patrones y experiencias que permanecen guardados y que solo aparecen cuando dejamos de controlar, cuando atravesamos la incomodidad y nos permitimos sentir.

Ese fue mi dragón del miedo.

Y comprendí que el entrenamiento mental no consiste en dejar de sentir miedo.

Consiste en observarlo, comprenderlo y evitar que siga tomando decisiones por nosotros.

No siempre necesitamos luchar contra nuestros miedos.

Muchas veces lo que realmente necesitamos es escucharlos.

CÓMO ME HA CAMBIADO MI FORMA DE ACOMPAÑAR A LOS DEMÁS

Como terapeuta y fundadora de En Manos de Nara, esta experiencia reforzó una convicción que siempre ha guiado mi forma de trabajar.

No puedo acompañar a otras personas hasta lugares donde yo misma no esté dispuesta a llegar.

Las formaciones, las técnicas y las herramientas son importantes, pero nunca sustituirán el trabajo personal.

La mejor herramienta que puedo ofrecer a quienes confían en mí soy yo misma.

Mi compromiso con seguir creciendo.

Con seguir cuestionándome.

Con seguir aprendiendo.

Y con seguir atravesando también mis propias incomodidades.

Hoy vuelvo siendo una persona más consciente.

Más flexible.

Menos rígida.

He comprendido que la vida no es solo blanco o negro. Que entre ambos existen infinitas tonalidades y que, muchas veces, cuando creemos que solo existen dos caminos, en realidad la vida nos está invitando a descubrir muchos más.

Quiero agradecer profundamente a David Caballero y a todas las personas que compartieron este entrenamiento mental conmigo. Gracias por cada conversación, cada reto, cada silencio y cada aprendizaje.

Porque el mayor regalo que me llevo no es haber superado una prueba física.

Es haber descubierto que la incomodidad no era el obstáculo.

Era el camino hacia una versión de mí que todavía no conocía. 🧡

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¿QUIERES PROFUNDIZAR EN EL MÉTODO INCOMODIDAD?

Este artículo recoge mi experiencia personal y los aprendizajes que me llevé durante el fin de semana de entrenamiento mental. Si quieres comprender mejor la filosofía que hay detrás de este método y seguir profundizando en el autoconocimiento, te recomiendo los libros de David Caballero.

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Son una buena forma de seguir reflexionando sobre el miedo, la incertidumbre, la incomodidad y el crecimiento personal, complementando el trabajo vivido durante la experiencia.

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